¡Escógeme!: Tres

¡Y aquí sigo con el capítulo siguiente!
Creo que dejaré de poner mensajes hasta que llegue al diez, porque realmente no tengo mucho que decir... pero bueno.

¡Disfruta!

Tres:

Su vida nunca había sido fácil. Desde que nació sintió una fuerte presión en los hombros. Ser quien era, con el apellido que tenía conllevaba muchas responsabilidades que él jamás quiso asumir. Pero era el heredero de la familia, el único hijo por los momentos y quien debía hacerse cargo de la Empresa cuando su padre muriera. Al menos, así le habían educado hasta que nació su hermano pequeño. A diferencia de las otras relaciones fraternales en que el mayor se siente destronado, para él la llegada del pequeño fue como un soplo de aire fresco. Al final no sería el único con el peso de la familia. Otro ser compartiría su malestar, aunque para su desgracia su hermano aceptó todo aquello con sumo orgullo, haciendo que todo el respeto se fuera hacia él y dejándolo al margen. Al principio se sintió algo excluido, pero con el tiempo lo aceptó como una bendición, aunque sus padre tenían otros planes que automáticamente lo volvían a meter en la ecuación familiar. Así con ese estado de decepción absoluta fue como la conoció, un pequeño ángel bajo del cielo para aliviar su infierno personal. Era apenas una niña cuando la vio por primera vez. Llevaba el cabello corto, sus ojos claros le purificaban y esas eternas mejillas rojas mostraban la pureza de su alma. Fue verla y sentir que todos sus pecados estaban perdonados, aunque tampoco es que hubiera pecado de más. Una de las obligaciones con su familia era mantener celibato hasta encontrar a la pareja de por vida, y por cuestiones divinas él supo que la suya sería aquel ángel inocente y puro. Lo creyó profundamente hasta que hicieron elegir a la pequeña a uno de los dos... ahí comenzó su infierno dentro del cielo.


Estar con su ángel era una maldición, porque era un continuo recordatorio que él no fue el elegido. De joven pensaba que era por la edad y por el modo que se conocieron. Ella era inocente y pura, él tenía una capa de rencor y furia que a cualquier criatura brillante alejaría. No podía culparla por querer a otro en su vida, pero eso no quitaba que sentirla cerca de él por obligación le mataba. No quería estar con ella así. No era justo. Sí. No era justo para él, por eso no haría que esa elección obligatoria fuera fácil. No se portaría mal, porque no estaba en su naturaleza torturar a un ángel, además por muy enojado y frustrado que estuviera con ella, sabía que nada de lo que dijera podría cambiar lo que ella sentía hacia su hermano. Desde siempre supo que Sasuke era mejor, precisamente por eso cuando su hermano pudo aceptar los papeles de la empresa se marcho. Le dejó con el culo al aire y en ningún momento permitió que sus padres pudieran ir a por él. Se desvinculó por completo a ellos, incluso decidió quitarse el apellido de Uchiha. Pensó en ponerse Odaiba o Williams, pero su físico era demasiado evidente y todo el mundo lo conocía por su apellido original, así que decidió marcharse a una islita pesquera y vivir su vida ajeno al mundo. Tenía pensado morirse en aquel rincón, pero le llamaron y le informaron de la muerte de su hermano. Así que volvió a su hogar, pero no se esperaba que su ángel estaría ahí, llorando la perdida y dispuesta a aceptar un nuevo compromiso. ¿Es que él era un maldito segundo plato?¿Eso era lo que era para ella?

Los primeros días que paso en su casa familiar se juró que se marcharía por la noche, pero tenía en mente los ojos tristes de Hinata e inconscientemente quería hacerle sonreír, hacerla feliz y vengarse de su hermano. Él se había ido y ella debía haberla elegido a él. Él jamás la haría llorar, nunca hubiera permitido que su precioso rostro se empañara con lágrimas de tristeza. En cierto modo había vuelto para demostrarle que se había equivocado, que había elegido al hermano equivocado. Realmente no pensaba en que ella sintiera nada por él, porque sabía lo mucho que quería a Sasuke, lo veía en la forma que respiraba, que suspiraba y como lo miraba cuando pensaba que no se daba cuenta. Era consciente que buscaba en él parecidos con su hermano y por mucho que le costara confesarlo eso le lastimaba.

- ¿Y por qué no la conquistas?- le sugirió un amigo mientras tomaban unas copas. Él levanto la vista de su vaso y lo miró como si su compañero hubiera hablado chino.- Quiero decir igualmente te tienes que casar con ella ¿no? Pues haz que se enamore de ti... no es difícil enamorar a una mujer con el corazón roto. Recuerda: un clavo quita otro clavo.

Un clavo quita otro clavo. Ese se convirtió en su mantra mientras veía como esa mujer iba causando un torbellino de sensaciones fuera lo que fuera que hiciera. Era una hembra con todas las palabras: desprendía sensualidad, maternidad y dulzura por cada poro de su piel. Casi sin darse cuenta le pedía que le hiciera suya. Por la noche se acomodaba a su lado, ponía el culo en pompa y se frotaba. Más de una vez estuvo tentado en tocar, pero sabía que estando inconsciente no lograría su objetivo. Debía hacerle ver el buen partido que era y que se arrepintiera de haber elegido a su hermano. Sabía que no eran unos motivos muy loables, pero tenía que encontrar alguna motivación para sobrevivir en aquella jaula con esa mujer, sino acabaría perdiendo las ganas de todo y se volvería a ir a esa islita, donde mujeres que solo lo veían a él estarían dispuestas a todo si él se lo pedía.

La mujer con la que convivía era una especie de hada. Captaba su humor y en cuestión de minutos hacía cualquier cosa para apartar fuera lo que fuera lo que su cabeza estaba tramando. En cierto modo adoraba el esfuerzo que estaba haciendo ella para que la relación fuera bien, pero le mataba porque veía lo mucho que le costaba olvidarse del difunto. Él no quería causarle dolor. Jamás quiso hacerlo, por eso cuando sus padres le dijeron que él se casaría se negó al momento, pero usaron la baza de la culpa y le hicieron aceptar. Todo entre ellos estaba mal.
Y si así él lo sentía sabía que no podrían seguir adelante con lo esperado. Era una realidad que se iban a casar, ya su madre les había enviado cientos de revistas de boda, cientos de telas de prueba y había hablado con varias iglesias, para su horror todo estaba yendo demasiado rápido exteriormente pero interiormente seguía quedándose en el día que él la vio por primera vez.

Por la noche era el único momento donde él se podía poner todo lo dramático y soñador que quisiera, porque ella no estaría observando e intentando cambiar su estado de animo. En esos momentos se quedaban observándola y se prometía que intentaría un día más aguantar. Que se quedaría con ella hasta que acabara el dolor, hasta que encontrara la forma que las empresas pudieran funcionar sin el maldito matrimonio, aunque todo aquello lo veía imposible, por eso, cuando ella dormía se imaginaba que hace años atrás, una Hinata joven le miraba a él y le ofrecía la mano para escogerle a él.



Capítulo cuatro
Capítulo dos

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