¡Escógeme!: Dos

¡Aquí estoy con el segundo capítulo!
Tengo que contenerme un poco y no colgarlos todos de golpe o sino te colapsaré, pero bueno iré poco a poco, como dije ayer... iré subiendo un capítulo por día.

Espero que te guste y disfrutes.






Dos:

La casa de él era minúscula para vivir los dos. Ya lo pensaba cuando subía por aquel ascensor pequeño y contemplaba las dimensiones del edificio. Había oído por su ex, que su hermano carecía de un interés abrupto por todos los lujos, que se limitaba a vivir tranquilamente en lo que aparentemente eran cajas de zapatos. Ella siempre pensó que exageraba un poco, después de todo, ellos siempre habían gozado de espacio y casas que ni un mismo príncipe se podía permitir. Por eso, cuando entró aquel apartamento se sorprendió más de lo que debía. Su nuevo prometido la miraba con el ceño fruncido, llevaba el cabello desordenado, unos vaqueros azul claro descocidos y una camisa ajustada negra. Desde la distancia donde estaba podía ver como los músculos se le marcaba sobre la prenda y como sus grandes brazos se tensaban ante su reacción. Sonrió con culpa y prometió mentalmente poner cara de pocker cuando observara su nuevo hogar. Porque así era, debía comenzar a vivir con él y lo más lógico era convivir en su apartamento, aunque ella hubiera prefiero que se mudara con ella, pero a sus familiares no le pareció correcto que llenaran de nuevos recuerdos la memoria del difunto. Cada vez que oía hablar de su ex sentía como si le echaran sal a las heridas. No había pasado más de una semana desde que el amor de su vida había muerto. Todo era demasiado pronto, pero tampoco tenían una alternativa. La familia dependía de ellos dos y pareció que eso disgustaba mucho al joven que la miraba con fastidio mientras cogía sus maletas y las colocaba en la habitación donde compartían lecho y según que otras cosas. Pensar en tener relaciones sexuales con el hermano de su ex novio le parecía repugnante, pero sabía que hasta que el matrimonio no se consumara no lo darían por válido, así que antes de llegar a eso debían probar la materia, como solía decir si abuela.

La convivencia con Itachi era realmente calmada y sosegada. Él era un hombre que no tenía preocupaciones; se levantaba a la hora que quería, se tomaba un café y luego se sentaba en su butaca de piel negra y rasgaba una guitarra mientras cantaba con una voz ronca y seductora. Más de una vez se vio embelesada con aquel atractivo y misterioso macho. A pesar de que llevaban viviendo dos semanas, aún no habían compartido nada más que la cama. Parecía que ella estaba lejos de entrar en el mundo de Itachi. Tenía la sensación que él la estaba rechazado y en cierto modo aquello le dolía. Tampoco esperaba que le abrazara y le hiciera el amor con pasión cada noche, pero al menos el mínimo trato: hablar, contarse el día a día. Nada, él vivía en su burbuja y flotaba de un lado a otro sin rozar con ella. Al principio pensaba que podía vivir con eso, estaba demasiado concentrada en su dolor para prestar atención en el dolor ajeno, pero cuando el hombre cogía la guitarra y cantaba con aquella voz ronca y rota, recordaba que ella no era a la única que había perdido a alguien importante, y por mucho que su prometido quisiera cortar vínculos con su apellido, un hermano era mucho más que un simple lazo de sangre. Eran un conjunto de todo, de vivencias, emociones y deseos.

- Cuéntame algo... - había logrado decir una noche, cuando las ventanas de la habitación estaban abiertas y el aire fresco enfriaba la tensión. Cada noche era lo mismo, unos minutos de malestar antes de que alguno de los dos cayera en un comatoso sueño. Por regla general era ella, pero se había cansado de mantener alejado aquel hombre de su lado.

- ¿Qué quieres saber?- preguntó él sin apartar sus ojos del libro que tenía en las manos. No parecía muy entusiasmado, pero notó como sus nudillos se volvían blanco al apretar con fuerza las solapas del libro.

Pensó con cuidado lo que quería saber. En cierto modo cualquier información le valía, solo conocía a Itachi a través de los ojos de su hermano menor, y como bien sabía, un hermano pequeño jamás era del todo objetivo, así que quería crearse una propia opinión de él. Por los momentos solo sabía que era un hombre sosegado, con un temperamento más bien aletargado y con el mínimo interés en los asuntos empresariales. Su casa incluso era más sosa que él mismo. El mobiliario estaba desnudo, las paredes sin vida y los lugares más intimo sin color. Parecía que aquel hombre estaba vacío...

- Todo.- dijo con voz suave y dulce. Sintió como él se removía en la cama incómodo, vio como cerraba el libro y tomaba una gran bocanada de aire.

Se había acostumbrado a la voz de Itachi: ronca y con un suave tono dulce. Era un sonido vago, pero que podía notar que había más sentimiento que en cualquier voz alta y grave.
Primero habló sobre sus gustos musicales, un tema muy impersonal para dos personas que no solo se van a casar, sino que van a intercambiar fluidos varios. Suspiró algo frustrada pero no le interrumpió. Más de una vez se sorprendió escuchándolo con atención, aunque hablara de gustos de ropa o de comida. Era un hombre apasionado con lo que hacía, pero tímido a la hora de exponerlo al público, celoso con sus cosas y sobre todo con sus emociones. No quería que nadie tocara su corazón y entre todo aquello, comprendió que él no quería enamorarse de ella y en lo más profundo de su alma le dolió. ¿Tan mala era? No lo sabía, pero sabía que tendría que enamorarle fuera como fuera y para hacer eso, primero tendría que renunciar al amor que le profesaba a su hermano difunto y sabía que eso si que era casi imposible.

Capítulo uno 
Capítulo tres
                                                                                                                                                      

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