¡Escógeme!: Nueve

Nueve:

El mundo empresarial comenzaba a colapsarse horas después de recibir un anuncio que había dejado helado a todo el país. Las dos grandes empresas más importantes habían roto públicamente su alianza, dejando claro que no se harían futuros negocios entre ellos y que así se rompía también el vínculo con las demás empresas afiliadas. Dicho esto ambos directores se dieron las manos con semblante serio y salieron de la sala de prensa cada uno por su lado, sin mirar a cámaras y sin contestar a preguntas. O al menos eso es lo que pudieron ver los dos hijos de ambos directores, sentados comodamente en el sofá de su casa y mirando las noticias de la tarde...

A ninguno de los dos le hacía gracia tener que volver a sus respectivas casas familiares, pero sabían que debían enfrentarse a la realidad. Habían pasado unos días alejados del mundo, con todos los teléfonos apagados y bloqueados, pero la realidad les había tocado a la puerta y por mucho que quisieran alejarse de su apellido sabían que tenían ciertas responsabilidades, no sólo hacía su familia, sino también hacia todas las personas que estaban trabajando para sus empresas y las vinculadas. Simplemente no podían mirar a otro lado mientras la vida de cientos de personas se iba a la mierda, aunque ello supusiera pasar un mal rato. Aún no habían encontrado la manera de hacer comprender a sus padres que realmente se querían, de una forma bastante superficial pero que entre ellos se había formado un vínculo fuerte y que posiblemente se podría fortificar con el paso del tiempo y la convivencia, pero claro, esos dos viejos se sentían tan pagados de si mismos al librarlos de la tarea de casarse que no querían escuchar otra cosa, hablar de boda para ellos era un tema tabú, pero ya era hora de abrir la caja de pandora y enfrentarse a todo. Por primera vez en años los dos primogénitos de ambas familias iban a hacer algo que jamás habían pensado hacer, al menos por voluntad propia.


- ¡Oh vamos papá! ¡No puedes romper ese vínculo!- gritó cuando el Hyuga se negó en recapacitar la unión.- ¡La alianza con los Uchiha era buena! ¿Por qué no lo recapacitas?- pidió con voz más dulce.

- ¡No quiero hacer que te cases con un hombre que no amas! - explotó él mientras la miraba con furia.- ¡Te obligué a casarte con el Uchiha menor! Ahora no puedo imponerte nada...- fue diciendo mientras perdía voz.

- Papá, no me estarías obligando nada...- dijo ella mientras se sienta a su lado y le coge las manos.- Me ofrezco voluntaria.- sonríe.- Ojalá Itaci haga lo mismo...- pensó sin dejar de mirar a su padre.

Aunque ambos habían acudido a casa de sus padres, no habían aclarado qué era lo que iban a decir cada uno, tan sólo lo habían hecho. Hinata estaba algo nerviosa, ya que si su padre accedía lo suyo sería que el padre de Itachi hiciera lo mismo, pero no sabía si la relación entre ellos dos serían tan buena como la que ella podría tener con su padre, después de todo siempre había sido la heredera y aunque no era muy brillante siempre se había esforzado y su hermana pequeña había dejado bastante claro que no tenía intención de heredar absolutamente nada de la empresa. Todo lo contrario a los Uchihas. Itachi no quería heredar nada, mientras que Sasuke se había esforzado al máximo. Sonrió divertida al comprender lo muy equivocada que había estado eligiendo al menor. Era cierto que tenía buenos recuerdos con él, pero Itachi era puro fuego, pura pasión, pura sensaciones y sentimientos nuevos... eran tan distintos. Suspiró y deseo que por la otra parte las cosas fueran bien.

Después de una charla larga con su padre, después de explicarle lo bueno que era Itachi y lo bien que se sentía con él, terminó cediendo. Aceptó volver a hacer la alianza con los Uchiha, pero con tan sólo una condición, que la boda se celebraría en menos de una semana. A pesar de que habían dado el anuncio aún los abogados no estaban avisados y la noticia tan sólo habían salido en pocos canales, aunque el rumor se había extendido tan rápido como la pólvora. Él prometió encargarse de aclarar todo si los Uchiha hacían lo mismo por la parte que a ellos le correspondían. Hinata aceptó todo, aunque tendría que esperar a la noche para encontrarse con Itachi y que le comentara como había ido las cosas con su padre.

Al caer la noche Hinata estaba en su departamento, esperando sentada en el sofá, con una taza de café y mirando a la puerta. Hacía más de dos horas que Itachi había salido de la casa de sus padres y aún no daba señales de vida. No quería preocuparse, pero tenía una extraña sensación en el pecho. Miro a la ventana y se aseguró que no estuviera lloviendo, que las calles estuvieran secas y que el tráfico fuera estable. No había motivos para temer que su amado no volviera.

No supo en que momento de la noche se quedó dormida, pero cuando abrió los ojos su taza de café seguía intacta y la puerta bien cerrada, Itachi no había aparecido y algo le decía que quizás nunca lo haría...


Capítulo diez
Capítulo ocho
                                                                                                                                                

Comentarios

  1. ¡Ya casi llega a donde quedó la historia! <3333

    ¡un abrazo!

    Bye!

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    Respuestas
    1. ¡Siiii! Poco a poco voy subiendo todo xD lo que me está costando
      un besote

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