Día 15: Las Ramblas

Mallorca es una isla preciosa. Un famoso músico o escritor (no recuerdo exactamente cual) decía que es "La isla de la calma" y honestamente es una ciudad preciosa, tranquila y con un clima algo especial, pero te enamoras... más de una vez pensé en dejarla, coger mis cosas y huir pero a cada día que pasaba me iba enamorando más. Hay un lugar que me encanta y se llama "La Rambla", es un paseo largo y muy romántico...
Haré un pequeño relato que quizás más adelante se transforme en una remasterización de una de mis obras célebres.



Ramblas
Hacía frío, no lo suficiente para hacer que la gente huyera a sus casas, pero si el necesario para que sacaran sus abrigos y caminaran unos pegados a otros. O al menos eso pensaba ella. Desde siempre había creído que el Otoño y el Invierno eran épocas románticas, después de todo era el único momento del año donde pegarse a otra persona no era más que un método de supervivencia así qué era perfecto. Nadie podría quejarse, ni siquiera Olivier. A decir verdad él era un poco especial, aunque todo en su relación era especial. Ella no tenía más que dieciseis años y él tenía veintiseis, un hombre adulto, maduro y con una inteligencia superior a la media. Precisamente por eso había terminado siendo médico a los veinticuatro, cuando sus demás compañeros aún comenzaban las prácticas él ya trabajaba en la Rotger. Y ahí estaba ella, esperando que saliera una vez más. De vez en cuando miraba el reloj, esperando paciente que pasaran los diez minutos de rigor antes de pensar que una vez más no iban a poder salir. Se había enamorado de un cirujano, de uno de los mejores y era consciente que prácticamente Olivier vivía para ello, a veces incluso pensaba que ella era un agregado más a su vida. Después de todo se había pegado a él con pegamento. Fue amor a primera vista, o al menos así lo creía ella. Pero esos días, donde él tardaba tanto en salir y ella se ponía sus mejores galas, pensaba que quizás no estaba tan enamorado como le gustaría.
Suspiró resignada al comprobar que sería otro domingo solitario. Miró la bolsa con el café que le había comprado y decidió que se lo bebería ella. No era muy amante del café, pero por él había terminado cogiéndole el gusto. Al igual que muchas cosas. Sacó el cilindro de cartón de la bolsa, le quitó la tapa y acto seguido bebió unos pocos sorbos y lo tiró a la basura. Relamiéndose comenzó a caminar como hacía cada día que él no salía a su encuentro. Solía hacerlo así, porque a veces salía corriendo y la encontraba. Era una costumbre silenciosa.

La Clínica Rotger estaba al comienzo del paseo de la Rambla, una calle larga con una nave en el medio,separando así dos carriles donde los coches iban y venían, menos ese día. Los domingos ese paseo era solitario, tétrico e incluso deprimente, pero a ella le gustaba. Después de todo así lo había conocido. Se metió las manos frías en los bolsillos del abrigo y comenzó a caminar hasta entrar a la plaza. Ésta tenía una bonita fuente que nunca estaba encendida, después a unos pasos varias tiendas de flores que al igual que todos los establecimientos ese día, estaba cerrada. Camino entre las hojas secas, escuchando la brisa fría silbar en sus oídos, apreciar el aroma a humedad y de vez en cuando escuchar gritos de niños correr. Quiso ponerse música, pero ya se sentía bastante deprimida para hacerlo así que simplemente caminó e ideó unos cuantos castigos para Olivier. El primero sería apagar el móvil, asustarlo lo suficiente para que en el próximo encuentro le hiciera algo bueno. Lo segundo sería acosarlo de mala manera en la Clínica y quizás el tercero y más posible, sería maldecirlo en todos los idiomas que sabía para luego lamentarse estar tan locamente enamorada de él. Eso era prácticamente su rutina de cada domingo, algún que otro tenía la suerte de que salía temprano y daban su paseo, otras tan sólo salían y tomaban café en el banco delante de la Rotger y algunas muy poco frecuentes, él le invitaba a entrar a su consulta y se pasaban horas hablando, hasta que ella tuviera que irse o a él le llamaran por alguna urgencia. Aunque ese día tan sólo pasearía sola, como otros tantos.

Estaba apunto de llegar al final del paseo, se detuvo unos metros antes de tener que elegir si seguir de frente, girar a la izquierda o a la derecha o volver para atrás. Se quedo inmóvil, mirando las posibilidades y deseando muy vagamente que él hubiera salido y la estuviera buscando. Espero unos segundos para ver si su ruego se hacía realidad, al notar que nada pasaba decidió girar sobre sus talones y emprender el camino de vuelta a casa. Cuando dio el giro por completó se chocó contra alguien. Éste no emitió sonido alguno, tan sólo estiró los brazos y le rodeó la espalda y le estrechó hacia su pecho. Sintió el aroma a café mezclado con antiséptico para luego notar como sus labios depositaba un dulce beso en su cabeza. "Lo siento..." logró oír antes de que comenzara a llorar de forma escandalosa y algo avergonzante para Olivier. Aún así él no la soltó en ningún momento.
Quizás no eran una pareja muy normal, y quizás no fuera el mejor novio, pero para ella si y eso le bastaba. Después de todo ambos sabían que el próximo domingo esa escena se repetiría, quizás con pequeñas diferencias, pero terminarían los dos abrazados y amándose en silencio.

Comentarios

  1. ¡Oh, que ya me sentía mal por la protagonista! Encima, el paisaje pintaba para algo bastante solitario, casi que lo hacía sentir más triste de lo que era T^T. Me encantó el final <3

    Bye!

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    1. ¡Me alegro que te haya gustado! Si es que ese paseo a veces es muy solitario, pero es tan bonito... :D
      Cuídate

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