Una fantasía en un mundo real: 3. Un principio

Shabe Yabebe Yeshe! (Somalia)
Estuve desaparecida... lo sé, pero he tenido un bloque de esos que te matan y que aún después de escribir no quedas del todo feliz ¿me entiendes? Pues eso me ha tenido alejada del portátil, realmente no sé como solucionar esto pero bueno... creo que al menos ya he superado los primeros brotes.

Aquí vengo con el tercer capítulo de mi historia original. Si es la primera vez que la lees, te recomiendo que te vayas al capítulo 1 para que disfrutes del comienzo.
Sin más, espero que te guste lo que lees.



3. Un principio: 

Esa noche Milo me acompañó hasta mi casa. Durante el trayecto no habló y tampoco aclaró nada de lo ocurrido momentos atrás. Lo único que me mantenía despierta y consciente de que aquello había pasado, era que su mano se cerraba entorno a la mía, dejando claro que algo había cambiado, aunque no estaba segura de que era, y tampoco me veía con la fuerza necesaria para preguntarle nada. Aún tenía los ojos rojos de tanto llorar y la garganta me dolía, por lo que había decidido no decir nada y esperar pacientemente a que fuera él quien se manifestara, pero nunca pasó. Su auto se detuvo en la puerta del edificio y se quedó ahí hasta que hubiera llegado a mi piso. Lo único bueno que saqué de aquella noche, quitando el abrazo, fue que terminé con su teléfono móvil. Al menos ahora podría contactar con él siempre que quisiera...

Después de aquello todo volvió a la normalidad, como si días atrás no hubiéramos estado alejados y distantes y como si aquel abrazo no hubiera significado nada para él. Una parte de mi cerebro se rehusaba aceptar eso, porque ¿quién abrazaría de aquella manera a alguien? Yo desde luego que no. La parte más infantil de mi, quería volver a desaparecer y hacer que él viniera a buscarme, pero claro, ahora tenía mi número de teléfono y cuando se acercaba la hora de que solía ir a verle me enviaba un escueto mensaje con un “¿vienes?”. Cada vez que leía aquellas palabras el corazón me saltaba en el pecho, me sentía morir y la idea de que no significara nada para él se borraba de mi mente, pero al llegar y ver que una fría distancia nos separaba me hacía volver a pensar que quizás era mi cerebro adolescente que se hacía ideas equivocadas.
  • ¿Y si se lo preguntas?- sugirió Jaime, un camarero de la clínica. 

  • ¿Preguntarle?- le miré incrédula.- ¡No puedo hacer eso! - ahogué un grito sintiendo como la cara se me volvía roja. 

  • ¿Por qué no?- suspiró y se rió.- Cada día vienes aquí, te quejas de que no pasa nada pero tampoco es que te muevas para que algo cambie. 

  • Eso verdad...- murmuré y mezclé la taza de colacao.- pero … ¿crees que tendría posibilidades? 

Estaba segura de que me iba a responder algo cuando se calló de golpe y miró la entrada de la cafetería sorprendido. Juré que antes de que me girará el hacía señas para que no lo hiciera. Lamenté al momento ser tan curiosa. Milos entraba con una mujer realmente hermosa; alta, delgada y con un rostro tan fino como un bebé. Parecía una chica salida de un anuncio de belleza. Ella se juntaba mucho a él, cogiéndole el brazo y riendo como si lo que dijera fuera lo más divertido del mundo. Al verlos juntos y ver la perfecta pareja que parecían me sentí totalmente absurda y por primera vez en meses comprendí que mi fantasía era una fantasía. Él era un adulto y yo una adolescente hormonada con sueños de grandeza y de historias románticas irreales. Me mordí el labio para ahogar un gemido lastimoso, me giré y acabé el colacao, cogí la mochila y me dispuse a marcharme sin decirle nada. No era algo muy valiente, pero me sentía tan sumamente patética que me avergonzaba de mi propia existencia. No logré escuchar lo que dijo Jaime y muchos menos lo que susurró Milos al verme pasar a su lado sin despedirme. Al salir de la Clínica logré separar los dientes de mis labios y sentí el sabor a sangre en mi lengua. De camino a casa me prometí no llorar, pero a medida que mis pasos iban aumentado la velocidad unas lágrimas calientes e indignadas salían de mis ojos sin freno. Cuando llegué a la puerta del piso tenía la cara bañada en lágrimas, el pecho agitado y con el corazón totalmente destrozados. Ahí me di cuenta que realmente no sabía nada de Milos, no sabía si tenía novia, ni hermanos ni nada que no fuera sus gustos profesionales. ¿Como pretendía ser algo si ni siquiera había mostrado interés en él? Y quizás lo más obvio, a su lado yo era simplemente una niña. ¿Qué posibilidades iba a tener enfrente aquella preciosa y despampanante mujer?


Las vacaciones de Navidad pronto llegaron, dejando bastante claro que mis paseos esporádicos a la Clínica se habían terminado y la vida familiar daba por comenzada. A pesar que esas fechas me encantaban, no sentía la más mínima ilusión por los regalos o la comida. Era como si me hubieran robado la energía, tan sólo tenía ganas de llorar y gimotear por las esquinas, pero obviamente no podía hacer eso. Mis paseos con Milos eran un secreto para mis conocidos, no sentía el valor ni la confianza en mi misma para hablar de ello con nadie. Ni siquiera con mi mejor amiga, que había notado mi cambio anímico y por raro que pareciera mi hermana mayor también.
Unos días antes de Noche buena recibí una llamada de Milos, pero no tuve el valor de cogerle el teléfono, por lo que huyendo como una cobarde lo apagué. No sabía que quería decirme y tampoco tenía ganas de escuchar quien era esa preciosa mujer. Mi cerebro fantasioso me decía que quizás era una amiga, una conocida pero la voz racional me decía que acabara de soñar, que durante una época se podía vivir de sueños, pero no con dieciséis años y con la Selectividad a la vuelta de la esquina. Así que una vez más decidí hacer un hueco en nuestras visitas, aunque lamentablemente esto no duró mucho...


Arrastraba los pies por los pasillos del instituto cuando escuché como unas chicas de mi clase susurraban algo entre risas. Curiosa me acerqué a ellas y pregunté que ocurría.
  • Hay un chico guapísimo en la entrada, lleva ahí desde la hora del patio. ¿No lo viste?- me preguntaron asombradas.- ¡Es médico! Es raro que tú no lo hayas visto, tan obsesionada que estás.- se rieron a coro y comenzaron a caminar hacia la salida. 
Ante tal comentario quise defenderme, pero la verdad es que no tenía excusa. Esos días había estado totalmente ausente, incluso saliendo a la entrada del instituto no me había dado cuenta de nada. Pasaban cosas a mi alrededor que ni me importaban y parte de ellas lo debían hacer. En mi cerebro solo existían las manera de justificar mi abandono absoluto al móvil y las vistas ausentes de la clínica, al igual de explicar a mis padres porque me había vuelto una monja de clausura y a mis amigas porque no quería socializar. Y todas ellas tenían una simple explicación que me veía incapacitada a decir. Y para colmo, parecía que todas las respuestas a estas preguntas se encontraban delante de mi instituto.
Tomé una gran bocanada de aire y me armé de valor para salir a enfrentarme con Milos, porque estaba prácticamente segura que era él, después de todo conocía la mayoría de estudiantes para saber que nadie tenía vínculos con médicos y mucho menos guapos. Así que simplemente por lógica debía ser él, aunque la para racional seguía imperado para que cuando viera qué no era él, no me desilucionara. Pero era prácticamente imposible que no fuera él...
  • ¿Por qué me evitas?- soltó al verme bajar las escaleras. Sabía que esa pregunta era para mi, después de todo era la última en bajar y no había nadie más en la entrada. 

  • ¿Qué haces aquí?- respondí con otra pregunta.- ¿Y como sabes que éste es mi instituto?- y otra. 

  • Tú me lo dijiste.- contestó molesto y fumando el cigarro con ansiedad.- ¡Y no me cambies la pregunta! - protesto irritado.- ¿Por qué cojones no atiendes el teléfono?¿y por qué no avisas que no vienes? 
Casi sin darme cuenta de su movimiento me lanzó un paquete al pecho. Éste golpeó contra mi pecho pero sin violencia. Lo sujeté y al palparlo noté que era algo flojo, con un perfume increíblemente familiar. Abrí el envoltorio y me encontré con una bufanda larga, de lana y color verde. Tardé un poco en darme cuenta que era la suya. Le miré sin comprender y vi como en sus mejillas aparecía un leve rubor.
  • Fue tu cumpleaños hace unos días, ¿no?- de golpe caí que así había sido. 
  • Oh. 
  • ¿¡Sólo vas a decir “oh”!?- su voz cada vez parecía más irritada.- ¡Oh cielos santo! ¡Responde Dana! 
  • Espera... un momento.- le pedí con lentitud. 

Miré la bufanda, le miré a él y me digné a buscar el móvil en la mochila y lo encendí. Durante diez minutos la pantalla del aparato se iluminó con cientos de llamadas perdidas, mensajes y mensajes de voz y todos y cada uno de ellos era de Milos. El último había sido el día en que lo había visto con esa chica. Estuve tentada en escucharlo, pero quería que él me lo explicara, un pequeño capricho aunque sabía que no me lo merecía...
Estaba apunto de decirle cuando una oportuna lluvia nos obligó a cobijarnos en un restaurante, que terminó siendo el lugar donde comimos los dos. Ese día en casa no había nadie, por lo que no hubo necesidad de que avisara de mi ausencia.
Después de pedir la comanda y esperar a que el ruido disminuyera al fin comenzamos la conversación que hacía días debimos tener.

  • Te quiero.- solté de golpe. 
  • Lo sé...- suspiró y se rasco la cabeza frustrado.- Y no deberías, ¿sabes? 
  • Ya, pero lo hago...- contesté mirando mi plato y aguantando las lágrimas. 
  • Dilo... - me animó resignado y suspirando, mientras apoyaba la cabeza en su cara y miraba a otro lado. 
  • ¿Quién... era esa chica?- en mi vida me había costado tanto hablar. 
  • Mi novia...- pensé que me dolería más oír eso, pero tan sólo acepté las palabras con orgullo. 

Un silencio incómodo se apoderó de los dos que pronto fue interrumpido por el camarero que traía el pedido. El estomago se me había cerrado pero me esforcé para meterme un trozo de carne para evitar hablar y que él siguiera diciendo cosas. Después de todo, ya no podía decir nada. Él estaba comprometido con una chica, no, con una mujer y yo seguía siendo una niña. Sonreí para mis adentros sintiendo que mi fantasía ya tocaba su fin.
  • Pero hace tiempo que ya no la siento como tal...- dijo después de un tiempo sin hablar. Me envaré en la silla, esperando a que siguiera hablando, no quería sentir nada pero un cálido sentimiento de esperanza comenzaba a extenderse por mi pecho. 
Le miré con la ojos iluminados, esperando a que dijera las palabras claves aunque tampoco sabía exactamente que quería que dijera. Era obvio que con lo dicho anterior intentaba tranquilizarme, pero realmente no sabía como lo haría...
  • Dame unos días, por favor.- estiró la mano para sujetar la mía.- Dana, por favor. Esto es... complicado.- rió algo triste. 
  • Ya, como le explicas a una mujer... que te gusta una niña. ¿No?- dije en un hilo de voz. 
  • Estoy abierto a sugerencias. 
Por primera vez en todo el día vi en su rostro una sonrisa feliz, de alegría y de calma. Al fin él había dicho aquello que quería escuchar y comenzaba a sentirme parcialmente tranquila. No sabía como iba a terminar aquello con su novia, pero sabía que no sería algo sencillo, después de todo, para llegar hasta donde estábamos ahora habían trascurrido casi tres meses, tan sólo esperaba que eso no tardara tanto como lo nuestro...

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Comentarios

  1. Me suenan tanto estas historias de mayor- menor... xD

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  2. (。◕ ‿ ◕。)/ Holaaa!!!
    Dios si con los brotes te refieres a bloqueos mentales para escribir pues me pasa exactamente lo mismo cuando quiero dibujar :c es horrible u.u la historia me ha gustado muchisimo ya espero el siguiente capitulo

    Espero puedas pasarte que estés bien!

    穛 S4Ku SEK4i®

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    1. Me alegra que te haya gustado. Pues si, eso es horrible... odio los bloqueos.
      Un beso

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  3. ¡Hola! No me esperaba que tuviera novia, pensé que le iba a poner alguna traba por tema de edad no por andar con otra DDD:

    Me ha gustado, qué bueno que sigas la historia.

    ¡Un abrazo!

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    1. Jo Jo , me gusta estos giros inesperados.
      Un besito

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  4. Te comprendo, a veces me siento lo mismo. Escribis y al final no se queda complacido con el resultado. Me pasa muchas veces, las musas no ayudan.

    Que buen capitulo. Definitivamente tu protagonista está muy enamorada. Que desagradable sorpresa cuando lo vio acompañado con esa mujer.
    Pero veo que al menos tiene una esperanza. Estara en realidad Milo enamorado de ella? Me gusta tu historia.
    Bso

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    1. Eso, eso... las musas no están por la labor.
      Me alegra que te guste, ya se verá más adelante jojo
      un beso

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  5. Se entiende que a Dana le cueste decir lo que siente. Los consejos del camarero no son tan faciles de seguir. Pero Milos captó lo que siente.
    Saludos.

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    1. ¡Exacto! A vece se necesita una tercera persona para entender las cosas.
      Un saludo

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