Mamá

Ésta noche tuve un sueño muy bonito. Tan bonito que me emocionó y me gustaría que fuera uno de esos premonitorios, de los que te cuentan el futuro. Aunque honestamente no creo en éstas cosas, pero si fuera así... me encantaría. Quizás no fue un sueño "bonito" exactamente, pero me desperté con una sensación agrdidulce y supe que debía escribirla...
He buscado el reto para poderla redactarla así, quizás no está 100% como dice, pero más o menos he seguido los parámetros que exigen.

Espero que te guste.




Acción en diálogo indirecto

Es una trama de acción con muchos personajes que interactúan y se comunican, pero no se ponen los diálogos, solo se relatan. Ejemplo: En vez de —Me debes dinero —dijo a través del teléfono.
—Vete al demonio —le contesté. Debe ser: “Llamó para decirme que le debía dinero y yo lo mandé al demonio”
Lograrás ampliar tu vocabulario buscando sinónimos.
Aprenderás a simplificar los diálogos y la información que brindas.
Le das mayor protagonismo a la descripción de la acción.

Mamá
Los niños dormían. La casa estaba en calma y por los pasillos tan sólo circulaban los padres recogiendo los desastres de la jornada. Su propio hogar parecía diferente esa noche. Observaba las esquinas dibujadas, los juguetes tirados y la cocina a medio limpiar, sintiendo que su ausencia había sido más larga que un simple día. Luchaba con aquel malestar mientras revisaba con un nudo en el corazón que sus hijos seguían durmiendo. En cierto modo, tan sólo quería verificar que ellos se acordaban de ella. Una preciosa niña de cabellos rubios abrió sus ojitos azules, sonrió enseñando su boca mellada y susurró “Te quiero mami” en ese instante comprendió a duras penas que una hora era un año entero para sus hijos. Le abrazó y lloró en silencio hasta que los bracitos cortos cayeron a cada lado del cuerpo de su hija, ésta dormía profundamente, aún con esa sonrisa plena y pacífica. Se secó las lágrimas, arropó a la niña y pasó al siguiente cuarto, donde otra nena idéntica descansaba con los brazos extendidos y media pierna fuera de la cama. Con cuidado recogió sus extremidades y la metió bajo las sábanas. Salió una vez más y cerró la puerta, quiso entrar al cuarto de su bebé, pero se oía sus pequeños ronquidos a lo lejos y comprendió que alargar ese paseo maniático no aliviaría su culpa. Suspiró y con más voluntad de la necesaria volvió a la sala, donde los demás padres se encontraban tirados en el sofá, con expresión cansada y con una lata de cerveza en la mano. Su marido le sonrió e invitó a sentarse a su lado, cuando apoyó su cabeza en su hombro y mientras él le acariciaba el pelo susurraba tiernas palabras de ánimo diciéndole que todo estaba bien. Nada había cambiado. Y aunque en el fondo lo sabía esa extraña sensación le seguía ocupando el pecho. Dejó que que las tiernas palabras de su pareja de vida siguieran consolándola, hasta que el hombre dejó de moverse y su voz fue sustituida por pesados ronquidos. Ella rió al igual que otra mamá, igual que ella, apoyada del hombro de su dormido marido. Ambas hablaron durante un rato, de nada en concreto, pasando de un tema a otro, informando del crecimiento de los niños y de vez en cuando algún chisme de la comunidad. Ella rió para luego mirar la terraza de la casa con curiosidad. La otra mujer le animó a pasar, informándole con cierta emoción que debía encontrar un cambio efectuado ese largo día. Con cuidado de no despertar a su marido le apartó el brazo y cabeza y camino descalza hasta el exterior. La terraza era alargada y techada, con cercas de bambú y una mesa de madera, las paredes sucias estaban algo pintadas con pequeñas líneas de colores forforitos. Siguió esa marca hasta encontrarse en el pequeño huerto creado por sus hijos, en la pared estaba escrito con pintura amarilla la letra de una canción infantil. Ella sonrió y con voz ronca murmuró la melodía, al cabo de unos minutos unos pasitos le interrumpieron de su concierto íntimo. Giró la cabeza para encontrarse a su bebe, caminando con las piernesitas abiertas por el pañal y canturreando con su escaso vocabulario la misma canción. Ella aguantó las lágrimas y estiró la mano para abrazar a su hijo. Entre hipidos siguió con la canción, con su bebe sentado en sus rodillas y ella en el suelo, segundos después aparecieron las dos niñas entonando la melodía y acurrucandose en el cálido pecho de su mamá. No pudo controlar las lágrimas y éstas corrían una tras otras sobre su mejilla. Buscó a su marido que apoyado en el marco de la puerta sonreía y con palabras suaves decía te quiero mamá.

Comentarios

  1. Me has hecho llorar con esta historia como no tienes idea. Hermosa, hermosa. No me canso de repetirla. Va a mis favoritas sin duda alguna <3 Es tan dulce y tierna que te conmueve.

    ¡Hermoso!

    ¡Cuidate!

    Bye!

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    Respuestas
    1. ¡Me alegro mucho! Yo también lloré un poco cuando lo escribí. Me alegro que vaya a tus favoritas.
      ¡Gracias!

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  2. Qué bonito texto y qué bien escrito!

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