La Editora: Capítulo 2

Túturu~

Estoy intentando escribir más seguido las historias, así no me olvido y pierdo continuidad... supongo que así podré acabar las historias antes y también empezar otras con más rapidez.
No sé... poco a poco.
De todas formas dudo que las próximas que escriba (incluyendo ésta) sean muy largas... pero ¡espero que te guste!

¡Allá vamos!








Capítulo 1

Capítulo 2:

La pantalla del ordenador era lo único que iluminaba la habitación. Debía ponerme a escribir algo, o al menos esbozar algo de lo que sería el nuevo proyecto, pero los dedos no se me movían. Sentía como si todas mis ideas se hubieran congelado en mi cerebro y no hubiera forma de hacerlas salir. Más de una vez cambié de música, me levanté y caminé, otras me metí en la ducha e incluso salí a dar una vuelta,pero no había nada que me hiciera escribir... En cierto modo no era la primera vez que me pasaba ese bloqueo de escritor, pero sentía miedo de que aquella sensación de vacío se pudiera alargar. Escribir era lo único que me llenaba, era lo único que podía hacer bien y tristemente, era lo único por lo que aún seguía formando parte de la sociedad. Una algo escueta y selecta, pero en una sociedad.
Cansado por el silencio, me levanté nuevamente, cogí mi abrigo dispuesto a salir a caminar en la noche. Realmente desconocía si hacía frío o calor, a decir verdad las estaciones y yo éramos seres completamente desconocidos. Si sabía la época del año era gracias a la voz electrónica de mi ordenador que me decía la temperatura, pero ese día había decidido silenciarla. No quería voces eléctricas. A decir verdad, no quería nada pero al mismo tiempo quería todo.
Abrí la puerta para salir cuando me la encontré. Estaba envuelta en su bufanda, su abrigo rojo estaba salpicado por agua y sus mejillas tan rojas como su abrigo. Tenía la mano extendida para tocar el timbre y los ojos ligeramente enrojecidos. Dudé un poco antes de dejarla pasar. A diferencia de otros días no me arrolló con su usual parloteo, no comenzó a mover todo y tampoco habló de forma alterada... simplemente caminó hasta sentarse en el sofá, aún con su abrigo y bufanda en el cuerpo.
Quise acercarme a ella, pero estaba helado aún en la puerta, escuchando la lluvia caer y sintiendo un viento gélido entrar y enfriar todo el apartamento. Estuve así unos segundos hasta que la voz en off de mi madre me citaba lo que debía hacer en caso de visitas. Por primera vez en casi diez años me alegré de aquel usual discurso que hacía esa vieja mujer.
Dejé la chaqueta en una silla, caminé a la cocina y preparé un chocolate caliente. Dudaba entre hacer café o té, pero sentí que ella necesitaba algo más dulce. Mientras trasteaba en la cocina comencé a hacerme ideas de lo que le había ocurrido. Estuve un rato así y el malhumor que había tenido durante todo el día iba en aumento, cualquier posible idea del malestar de mi editora me hacía enfadarme aún más.

Ya con las dos tazas humeantes me senté a su lado y se la entregué. Esperé en silencio hasta que sus ojos volvieron a parecer normal y la rojez de su mejilla disminuyó. Unos minutos después se quitó el abrigo y la bufanda para mirarme con una tímida sonrisa.

- Perdón, no sabía a donde ir...- se excusó mientras escondía la mirada en la taza de chocolate.

- No te preocupes...- murmuré mientras bebía de mi taza.- pero es raro...

- ¡Lo sé! - dijo de golpe con su usual energía.- ¡No vengo por el manuscrito!- agregó nerviosa.- Ya sé que acaba de terminar un artículo y debe empezar una nueva novela...- dijo apresurada.- Es que...

La vi tan inquieta y perdida que sencillamente le acaricié la cabeza como un perro. Me pareció extraño hacer lo que solían hacer los protagonistas masculinos de las novelas rosa, pero no me importó. Simplemente sonreí y me reí ante lo estúpido de mi pensamiento.

- Es... la primera vez que le veo reír.- dijo sorprendida.

- ¿Eh? ¿De verdad?- aparté la mano de su cabeza para volver a colocarla en la taza.- Soy humano, también me río... - agregué fingiendo disgusto.
- ¡No! ¡No se enfade! ¡Es que...!

Su mirada se volvió inquieta nuevamente, se removía en el sofá y miraba a la puerta como si deseara huir. Una vez más las posibles hipótesis de su tristeza me molestaron. Bufé para mis adentros y dejé la taza en la mesa con un estruendo.

- Llámame por mi nombre ¿Quieres?- espeté molesto.- Ya hace más de medio año que eres mi editora ¿no?- enarqué una ceja y le miré.

- Es que yo...

- Asher.

- ¿Qué?- preguntó desconcertada.

- Ese es mi nombre, así que llámame así...

- Eso lo sé... - contestó nerviosa.
- Asher.- insistí. Después de un silencio que sentí eterno dibujó una tímida sonrisa en sus labios y lo dijo.

- Asher.

Escuchar mi nombre en sus labios fue algo extraño. Una calidez rara me rodeó el cuerpo y sentí que mis músculos se relajaban y de golpe todas las ideas se descongelaron en mi cerebro. Sin decir nada me levanté del sofá, corrí hasta mi despacho y me senté a escribir.

El paquete de cigarrillos se me había acabado cuando aparté la mirada de la pantalla. Miré el reloj y me sorprendí de la hora que era. A pesar de que ya era de mañana el cielo seguía oscuro y la lluvia no había parado. De golpe recordé que Ria se encontraba en mi casa y salí corriendo a la sala. Aún en el sofá se encontraba ella, estaba dormida, acurrucada en una esquina y con lágrimas cayéndole por los ojos.

- Mi pobre criatura...- susurré mientras me acercaba y le apartaba las lágrimas de los ojos.- ¿Quién te ha hecho esto?

No se si mi roce fue bruto pero abrió los ojos, me miró sorprendida y se levantó de golpe. Se quitó el resto de lágrimas y bajó la cabeza avergonzada. Noté que nuevamente se le ponía la misma mirada inquieta y tuve miedo.
Fue sólo un segundo, pero sentí que el océano me tragaba, que me quitaba el aire y que me veía solo en las profundidades, rodeado de oscuridad y con el más temible silencio.

- No llores, por favor...- le supliqué y apartándole nuevamente las lágrimas me acerqué a ella y le besé en los labios.
No sabía que esperaba, pero de todas las cientos de posibilidades que habían, jamás creí que esa fuera posible... 


Continuará...

Comentarios

  1. Comprendo esa sensación al no poder escribir nada.

    Interesante como planteaste ese encuentro entre el escritor y la editora. Él viendola dormir, con sus lagrimas. Dejaste algo de intriga sobre el motivo.

    Besos.

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