El Anti-Paraíso: Capítulo 4

 




Capítulo 4

Llevaba años trabajando en ese hospital, tantos que prácticamente me lo conocía de arriba a abajo, pero después de una extraña fusión con otro grupo hospitalario y varias reformas, uniones y ventas, mi hospital se había vuelto un nuevo hospital. Todo el personal veterano tenía que ir con un folio repleto de nuevas explicaciones y los nuevos, igual. Aunque ellos con más facilidad a la hora de aceptar los cambios. Yo, en parte, me moría de rabia cada vez que notaba que mi zona de trabajo había cambiado o que los protocolos eran diferentes. Era tan frustrante que cuando llegaba a casa, ni una charla con Alan hacía que se me pasara el malestar. Incluso habiendo ascendido y mejorado mis condiciones laborales, nada de eso lograba que me sintiera mejor y mucho menos aquel día que mi supervisor me llamó y explicó con cara de pocker que me iban a trasladar a otra sede. Mis compañeras estaban tristes y contentas, porque podría comenzar de cero e incluso, aquel nuevo hospital podría estar cerca de mi nueva casa y tendría menos trayecto de viaje, pero eso a mi no me gustaba. Ya bastante trabajo me costaba tener que lidiar con mis sentimientos hacia Alan y la terrible fe de mi familia para tener que sumar un nuevo lugar de trabajo. Al menos, para mi consuelo, como era un hospital nuevo tenían que solucionar algunos temas de logística y me daban mis vacaciones restantes. Algo que agradecí por una parte, pero por otra no. Pasar más tiempo en casa, significaba más tiempo de pensar y más momentos íntimos con Alan y eso no era nada bueno.

- Me siento un ser despreciable...- me quejaba en los brazos de Janette. Mi mejor amiga de toda la vida.- Soy un ser inmundo y me voy a quemar en los fuegos del infierno.- dramatice hasta más no poder.

- Hombre, muy ético no es que te quieras tirar al novio de tu hermana...- rió ella mientras me acariciaba la cabeza como un perro.- Pero bueno, al menos estás manteniendo el temple.

Y lo estaba haciendo todo lo mejor que podía, pero sentía que mi aguante pronto iba a mermar...

Mi nuevo lugar de trabajo era un hospital de construcción antigua, de altos techos, puertas pequeñas y pasillos largos y angostos con luces titilantes. Ciertamente era horrible, y perfectamente si tuviera 19 años me habría dado un miedo terrible trabajar, pero a mi edad y con cientos de películas de terror vistas, ésta ambientación era prácticamente un chiste. Mis nuevos compañeros eran profesionales, amables y con cálidas sonrisas y suaves palabras, parecían contentos de ver un rostro nuevo pero yo no quería involucrarme con ellos, más que nada porque había oído rumores de que pensaban cerrar el hospital. O al menos eso quería querer, pero una noche todas mis expectativas cambiaron...

Al ser un hospital tan pequeño todo el personal se conocía,o eso me habían dicho, yo por los momentos no había conocido a todos. Si que a varios médicos simpáticos, a casi todas las enfermeras y a pocas auxiliares y celadores. Algunas enfermeras me comentaron que los médicos se relacionaban mucho con nosotras y por lo tanto era un buen trabajo en equipo, al menos durante los turnos de noche, puesto que eran muchas horas y tanto unos como los otros se aburrían. Así que supuse que sería un turno entretenido, pero al llegar tan sólo habían tres pacientes y ninguno de ellos necesitaba más cuidados que una medicación a media noche. Ese panorama me dió a entender que sería un turno completamente aburrido y me lamenté no haberme traído un libro, así que con una perspectiva bastante nefasta me encaminé hacia el office para tomarme un café y al entrar me encontré con Alan. Estaba sentado en una butaca amarillenta, con la cabeza tirada para atrás y mirando el techo perdido en sus pensamientos. Cuando notó mi presencia bajó la cabeza y me miró, con esos ojos tan bonitos y con una expresión perdida... En ese instante decidí romper la barrera. Me acerqué a él y le abracé. No como un amante, tampoco como una amiga... era un abrazo dispuesto a ser aquello que él necesitara en ese momento. Por mucho que me negara, que rechazara y repudiara mis sentimientos no podía negar que existían. Estaba locamente enamorada de él, quizás Alan solo me veía como un escape a su escasa vida romántica con mi hermana, o como un escarseo amoroso. No me importaba, yo solo quería ser lo que él necesitara. Si debía quemarme en los infiernos después... lo haría.

Sus brazos se movieron inquietos durante unos segundos, sin saber muy bien dónde colocarse, para luego estrecharme fuertemente. Sabía que necesitaba consuelo y ahí iba a estar yo. Así abrazados estuvimos un largo rato hasta que separó su cabeza de mi pecho y me miró con los ojos cristalinos y más serenos. Sonrió avergonzado al mostrarse tan débil, pero era esa una de las tantas cosas que me gustaban de él. Sonreí y le acaricié la mejilla y ya sin importarme nada, le besé. Fue corto, ligero, con sabor salado de sus lágrimas y un toque amargo del café. Me separé lentamente de él y tal cual entre me marché sin mi café. El resto de la noche me la pasé intentando no coincidir con él en ningún momento, algo que logré gracias al nuevo ingreso inesperado pero sabía que al llegar a la casa no lo iba a lograr. Principalmente porque ya había roto la pared invisible y algo me decía que él no se iba a contener más. Ya no.

Comentarios

  1. Amo leerte amiga, se te extrañaba 🖤

    Un besote desde Plegarias en la Noche

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    Respuestas
    1. ¡Ay muchas gracias! Que bonitas palabras.
      Un besote enorme

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