Hermanas

Esas cositas de ahí son mi vida y mi amargura. Son Abril y Lucía, mis hermanas. Abril tiene 7 años, es una niña muy lista, espabilada y inteligente, Lucia tiene 5, es muy dulzona, agradable y encantadora. Ambos bichitos pertenecen a mi rutina familiar, a mi vida, si no están es como si tuviera un vacío en el pecho. Así de simple.
Hoy vamos a hablar de esas criatura divinas caídas del cielo. Al principio cuando son pequeñitos son tiernos, monos y esponjosos. Ya cuando van creciendo... no son esponjosos, ni tiernos ya que tiene una boquita por donde contestarte y decirte que eres mala. En esos momentos te dan ganas de estrangularlas... pero bueno, son tus hermanas ¿qué puedes hacer contra ello? Cuando no están las añoras y cuando están las quieres fuera de tu vista... es un sentimiento taaaannn complicado, no hay palabras para expresar ese afecto que uno siente por ellas. ¿A que no?
Uno se va de viaje, y las deja con un familiar, la ausencia te falta, notas todo muy tranquilo, muy silencioso, entonces comienzas a pasear para ver si encuentras una cabecita escondida o encuentras algo que te diga que están por la casa. Pero luego no vez nada y te sientes un tanto triste. Luego llega el día del reencuentro, besos, cariños y abrazos hasta que comienza a desordenarte la habitación, te contestan o se van a chibar. Grrrr... deseabas tener esa paz eternamente. Llega la noche y las vez a las dos que te abrazan y te dan un beso y mientras que su cabecita esta escondida en tu pecho escuchas: Cati, te quiero.
Es una reflexión, por mucho que cuesta educar a una criatura, regañarla y enseñarla, compensa mucho cuando escuchas decir eso de los labios de un moco de 5 o 7 años. Es la pura verdad. No hay nada más que eso...

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