Dejarme mimar

El día 22 mi madre y yo abandonamos nuestro dulce hogar para irnos a una casita por las montañitas entre Esporlas y Puiypunyet. Ahí habitan una pareja, que hicieron un anexo a su casa y así la alquilan. Tienen un gran terreno y unas maravillosas vistas.
Así pues el día marcado preparamos nuestras cosas y nos subimos en la furgoneta para irnos fuera de casa para estar en son con la naturaleza y trabajar e estudiar. Llegamos y la primera impresión que me dio fue...¿Qué? pero poco a poco cambié de opinión. Nuestra casita era aproximadamente de unos 30, 35m, así que mucha cosa no podía haber. Pero la habían arreglado de una forma que parecía dulce e preciosa. Era en forma de rectángulo, con un pequeño salón, un mini baño y cocina. Entonces mi madre y yo nos preguntamos...¿A dónde vamos a dormir? Os explico la casita al tener un techo tan grande los propietarios hicieron un mini piso donde teníamos unos colchones tirados en el suelo y una ventanita con vistas al cielo. Decorado de forma bohemia y muy delicado. ¡Me encanto!
Ya hospedadas nos hicieron un tourn por toda la casa, la de ellos era grande y el estilo no cambiaba. Para mi sorpresa los caseros les gustaba Klimt y el incienso. Cosa que me agrada realmente.
Bueno, ya conociendo el territorio nos volvimos a nuestra mini casita, nos sentamos y leímos y tal pascual. Llegó la hora del almuerzo, yo le había preguntado que cómo lo haríamos. ¿Ellos venían o nosotros íbamos? Al estar sentadas esperando a la comida nos tocan la puerta (una que queda comunicada con la casa grande) y entra nuestro buffet. Realmente sabroso. Después de una degustación de comida decidimos ir a dar una vuelta y saber más sobre el terreno. Viendo lo que se podía no nos imaginábamos lo que podíamos encontrar. Caminamos por un campito mientras el casero nos iba explicando un poco la historia de aquel condado. Así pues hicimos un tourn y volvimos para bañarnos y degustar la cena. Nos ofrecieron unas películas y muy cansaditas nos acostamos en nuestra cama a ver "Don Juan de Marco" así terminó nuestro primer día.
Nos levantamos sobre las nueve y fuimos a dar los buenos días, así saludamos y nos ofrecieron el desayuno. Ambas sabíamos que podíamos desayunar en nuestra casita pero ese día desayunamos en nuestra mesita de terraza. Un desayuno de tortitas y sirope de chocolate.
Ese día decidí estudiar, mi madre trabajo y yo hice lo mío. Luego llegó la comida, comimos y nos quedamos hablando, comiendo, leyendo hasta que nos invitaron a bajar a Esporlas que había mercadillo. Bajamos con Teresa ( la casera) y nos dejo en la plaza, mi madre se encontró a unos coralistas alumnos suyos y yo a una compañera. Miramos un poco por aquí por ayá y adquirimos un colgante igualito.
Después subimos otra vez a nuestra casita, ahí seguimos haciendo lo mismo hasta la cena que nos invitaron a cenar en la casa grande para celebrar nuestra última noche. Yo recibí un presente de ellos, un cuadro de Klimt.
Llegó el último día, me levante un poco nostálgica, ya que no quería abandonar la casa. Desayunamos en compañia y luego antes de la comida fuimos a hacer senderismo por unas montañitas y ver donde las ovejas se escondían. Terminé con varias heridas en las piernas, pero las vistas valieron la pena.
Comimos nuevamente en la casa grande y hablamos un poco. Luego arreglamos las cosas hasta que llegó Emili para regresarnos de un golpe a la realidad. Teníamos que bajar del olimpo.
Pero después de aquellos días solitarios, volver a casa en la furgo mientras Lucía me daba besos en la mano y la otra apollada en mi hombro. Después de todo, la familia forma parte de uno.

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