Reto 52 #10: Mi amigos los monstruos


Zdravo! (Bosnio)
¡Estoy viva! Con la boca llena de yagas pero viva. Uff creo que no hay cosa que odie más que esto... no, mentira hay muchas cosas que odio más, pero ésto me pone enferma. No puedo comer con tranquilidad, ni hablar ni estar... ¿como se puede vivir así? Si lo sabes tú por favor comunícamelo, porque necesito saberlo.

Vuelvo a seguir con el reto de 52 días de escritura, tengo que relatar algo con un personaje que me evoque mi niñez. Honestamente todas mis novelas y escritos tienen algo mío, algo que me recuerda a cierta parte de mi, así que centrarme en una sola será algo complicado y como llevo bastantes días sin escribir estoy algo pez, por lo que pondré una historia que escribí hace tiempo pero me encanta.

Mis amigos los monstruos
Cuando era pequeña, mi madre me susurraba al oído que los monstruos no existían, que los fantasmas y los espíritus eran seres creados por mentes superiores, que los ponían en la imaginación de otros, para crear miedos y para asustar.
Al ser niña y aún demasiado inocente para entender algo de lo que quería decir, me imaginaba por las noches como criaturas horrendas entraban a mi habitación y me observaban dormir. Recuerdo que me levantaba por las noches sudando, llorando y con el corazón acelerado... ahora con casi treinta años aún lo sigo haciendo.

La noche es mi momento débil, cuan más frágil estoy y los miedos más me pueden atacar. Soy consciente que es algo vergonsozo, aceptar que soy débil y que le tengo miedo a la oscuridad, pero, eso también me hace más valiente ¿no? Aceptar que le tienes miedo a algo te hace más valiente que negar que lo tienes ahí.
Después de casi cinco años compartiendo cama con mi marido, disfrutando de agradables charlas nocturnas, me doy cuenta que es momento para hablar. Para contarle a la gente como he podido superar esto, para que mis hijos cuando lloren por las noches, puedan cerrar los ojos y seguir adelante... quizás es algo infantil mi método, pero es un método que a mi me ha funcionado.

Recuerdo estar en la cama, arropada hasta el cuello con los piernas recogidas y observando la habitación oscura. Sentía que el corazón me latía con fuerza en el pecho, como el sudor me corría por la frente y como las sombras de mi habitación iban cogiendo horrosas formas. Si no cerraba el armario, un bicho podía salir de ahí. Si dejaba un brazo fuera de la manta, alguien podría jalarme y llevarme debajo de la cama. Cualquier ruido eran pasos de seres espectrales que se me acercaba. Y el mismo viento era un fantasma que me susurraba al oído. Muchas veces asustada corría a la habitación de mis padres, hasta que nació mi hermano pequeño y tuve que aguantarme el miedo en mi cuarto, encendiendo la luz y dejando la puerta bien abierta. Cientos de noches durmiendo acurrucada, abriendo los ojos por la mañana aliviada de haber pasado una noche más.
Al paso de los años la lista de monstruos iba creciendo: el hombre del saco, la mano peluda, espíritus, aliens... cada película de terror o cada historia que escuchaba era un miedo más que iba adentrándose en mi cabeza y cuando todo el mundo dormía, salían a saludarme.

- Ya vienen otra vez...- me decía aterrada cuando imaginaba que al girarme, la cara de un bicho me iba a estar mirando.

Me encontraba acostada en mi cama, mirando la pared aterrada mientras imaginaba que una larga cola de monstruos estaba esperando su turno para asustarme. Temblaba, lloraba en silencio y rezaba para que el sueño se apoderara pronto de mi. Cuando volvía abrir los ojos por la mañana, ya nadie estaba conmigo... y tan sólo pensaba qué nuevo amigo iba a visitarme por la noche.
Cuanto más iba creciendo y los monstruos iban perdiendo fuerza dentro de mi cabeza, las noches se volvían más agradables, pero cualquier día podían volver a aparecer. La larga cola detrás de mi espalda recibía a alguien nuevo y siempre que éste iba a aparecer ante mi, el primer monstruo con voz malvada le decía “Espera tu turno” y éste enfadado se iba al final de la cola.

Ahora con treinta años, con una nueva vida creciendo en mi, me doy cuenta que tengo más amigos que le enseñaran a mi hija que la noche, te hace más fuerte y que los monstruos son amigos que te ayudan a crecer.

Comentarios

  1. La idea de las mentes superiores que crean monstruos para meterlos en la imaginación de otros, para atemorizarlos, me parece más inquietante que existan monstruos.
    Los monstruos pueden ser amistosos, ¿por que no¡
    Bien contado.
    Un abrazo

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    1. Gracias! Realmente no había pensado eso que me has dicho... pero está bien. Me alegro que te haya gustado.
      Un besote

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  2. Interesante historia. No está nada mal.

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. Un relato sobrecogedor, son molestos los monstruos de la niñez, salen de donde menos se esperan, están por todas partes y de todas las formas terroríficas y espeluznantes. Muy buen final, me gusto la idea de retenerlos en esa larga cola, y que sean ahora una muestra de que fueron inofensivos.
    !Abrazo!

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    1. ¡Gracias! Me alegra que te haya gustado, a decir verdad es algo que solía hacer xD Soy un poco miedica y es una forma de espantar el miedo.
      Un besito

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