Reto Juevero: Etico o no
¡Quiero que se acabe el verano! Odio el calor, no puedo pensar, vivir ni respirar. Sólo puedo estar amebeando en la cama con el ventilador delante y en bolas. Incluso soy más feliz en el trabajo porque hay aire acondicionado... ¿Como puede ser posible?
He logrado sentarme ha ponerme al día con mi vida de autora, algo que me hacía muchas ganas pero el calor, la pereza, la existencia y el cuello no me han dejado respirar. Tengo que aprovechar éste momento que la vida me ha dado para dedicarme a mi vicio espiritual.
Ésta vez me he enterado del reto del Jueves, aunque sabemos que no es jueves pero ese detalle no importa en mi vida, del blog de Campirela. Si he de ser honesta, había tenido una idea del reto del jueves pasado, pero he podido mezclar ambos y estoy aquí.
Este jueves trata de escribir algo basándonos en unas citas famosas que la anfiatriona ha puesto. Y yo decidí que elegiría ésta:
" No se trata de cambiar de amo , sino de dejar de ser perro" de Julio Anguita.
No tengo ni idea quien es ese buen señor, pero tiene mucha profundidad su frase. Así que me inspiré e hice esta cosa que formaría parte de la novela que comencé a escribir que se llama "Proyecto Gea". No tengo ni idea si al final la acabaré o qué, pero quizás escriba cosas así de ella...
En fin serafín, lo dejo aquí...
Ético o No
La última vez que había cogido un arma, tenía diecinueve años. No, si debía ser precisa ese mismo día era mi cumpleaños. Pero nadie se acordaba. Ni mi familia, ni para la gente que trabajaba. Quizás Mamá Gea sería la única que me haría soplar una vela, pero al igual que los demás, hacía tiempo que no sabía de ellos.
Desde que murió él, o mejor dicho. Desde que lo dejaron morir, dejé de aceptar sus reglas. Dejé de aceptar sus órdenes. Aún así, los trabajos los seguía haciendo. Sentir el poder en mis manos, saber que la víctima se sentiría aterrada con tan sólo notar mi presencia hacía que sintiera una cierta alegría… incluso puedo decir que eso fue mi regalo de cumpleaños. El miedo ajeno me daba felicidad.
De ese recuerdo hacía ya casi quince años. Nuevamente tenía una arma en las manos. Una vez más tenía el poder que tantos años atrás codiciaba y necesitaba, pero a diferencia de ese tiempo… Ahora tengo algo mucho más valioso que proteger. No hago lo que hago por órdenes de uno o dos jefes, lo hago porque es lo que tengo que hacer… sino, el pasado se volvería a repetir y más que nada, porque me negaba aceptar que mi hija pudiera pasar lo mismo que pasé yo.
La bolsa negra llena de armas me espera en la entrada, al igual que mi equipo que era fiel a mi por algún extraño motivo. Aún no he decidido a quién obedecer o a quién creer. Todos formar parte del pasado, uno que olvidé durante quince años y aunque no tengo del todo claro todo, sé que tampoco puedo quedarme quieta. Esperando a que algo como aquello ocurra.
Suspiro, me pongo la americana color naranja butano y me escondo las cicatrices de las manos con unos guantes tan finos como la piel. Sonrío y me despido del silencio de mi casa.
Sé que cuando vuelva por la mañana, mi marido seguirá teniendo cientos de preguntas, que mi hija sólo querrá estar conmigo y que volveré a tener las manos manchadas de sangre…
Pienso durante un segundo y decido que quizás, al volver deba cambiar mi modos operandi. Asesinar simplemente por el hecho de asesinar ya no es algo que me atraiga, ahora me gusta más la idea de torturar.
Vuelvo a sonreír al pensar en la desgracia que le espera al pobre diablo que ose con enfrentarse a mi.



Hola, y te doy la bienvenida a estos relatos de los jueves. Es cierto que los ponemos un poquito antes de ese día, pero su día estelar son los jueves, hasta el sábado por la noche.
ResponderEliminarHas cogido una frase de Julio Anguita; te diré que fue ante todo un buen maestro y exmiembro de los diputados de España, un dirigente político de los pocos buenos que hay; si te tomas un minuto e indagas sobre él, no te decepcionará.
Sobre tu texto referente a su frase, a veces hay que cambiar el concepto de las cosas y ser en esta vida leal a nuestros principios.
O al menos intentarlo, que eso ya es difícil en los tiempos que corren.
Muchas gracias por sumarte, y espero que sea el comienzo de una nueva participante en estos relatos. Un saludo, y buen verano, aunque, como tú, estoy hartita del calor, jajja.
Me ha gustado cómo la historia deja entrever que, detrás de su frialdad, existe una motivación mucho más humana: evitar que su hija repita su destino, y el final resulta inquietante, y muestra que el personaje sigue caminando sobre una delgada línea entre la justicia y la venganza, lo que despierta más interés por descubrir qué ocurrirá después.
ResponderEliminarGenial.
Un abrazo
Creo que tener que recurrir a las armas y lo violencia en tan corta edad requiere unas circunstancias muy extremas. menos mal no me paso a mi.
ResponderEliminarUna historia que hiela la sangre sin dudas, recurrir a las armas, a la venganza, matar y luego volver a casa y abrazar a su hija como si nada, es muy inquietante.
ResponderEliminarMe gusto mucho tu historia, que sin dudas te hiela la sangre.
Con respecto al verano, nos parecemos, odio el verano, no me gusta el calor, por aquí ahora disfrutando del frío invierno, pero sabiendo que en pocos meses, me volveré a derretir en ese calor húmedo insoportable de estos lares.
Saludos.
PATRICIA F.