Cielo

Desde que fui a Venezuela por primera vez como adulta (18), además de comenzar a admirar mis raíces y volver a enamorarme del país, descubrí una cosa; La Naturaleza. El Verde. Cosas que obviamente puedes ver en tu mismo país, o incluso en tu misma calle. No es algo que una persona se pueda sorprender, o enamorar... ya que lo ves cada día. ¡Y mis queridos plebeyos, ahí está el problema! No nos sorprendemos, una lástima. Pero bueno.
La segunda vez que fui (20), me enamoré nuevamente de todo y de algo más: El cielo. Y otra vez, está por todo. Vayas donde vayas ahí estará, protegiéndote, siguiendo tus pasos incondicionalmente lo que hayas hecho o lo que vayas hacer. Es maravillosamente romántico ¿No creen?
En Venezuela, conocí una parte del cielo que jamás me había impactado. A decir verdad, nunca me había parado a contemplar el cielo más de lo necesario y justo. Ahora, no lo miro... sino lo veo. Me gusta cuando hay muchas nubes en el cielo, cuando esta tan azul como el mar, cuando una fina capa le cubre... o cuando está tan negro que ni me puedo ver a mi misma. Cuando la luna sale y ilumina todo, con sus estrellas... en fin todo de él.


Creo que no sabemos apreciar aquello que tenemos, que queremos tener más y no intentamos sacar la belleza de lo que nos rodea. Ni siquiera nos limitamos a intentar conocer aquello que está junto a nosotros. Obviamente, pensamos que ya lo conocemos todo... y es una vil mentira, seguramente intentamos escusarnos con eso, al saber que por mucho que miremos no lo vamos a ver de otra forma distinta... hasta que viajas, encuentras lo mismo pero con más hermosura y vuelves e intentas encontrar aquello hermoso bajo tu mismo cielo.
Lo maravilloso de esa sensación cuando llegas es que... siempre ha estado ahí y cuando pase el día de mañana... seguirá estándo.


Mira el cielo... y comparte tu alegría con él. 


PD: La foto es del cielo de Venezuela, tomada por mi. 

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