Reto #14: Romantizando mi vida (Pequeñas joyas)
Hace un tiempo vi en un blog, una persona que hacía retos semanales o mensuales (no me acuerdo, perdón a la autoría del reto) y te invitaba a hacerlo. Obviamente, aquí al señora quiere participar pero tengo menos continuidad que un autobus en periferia...
El blog en cuestión se llama "Reto de la semana" (creo que acabo de contestarme a mi misma lo de antes, muy bien Cath) y está muy bien, como se nota en el número del reto lo lleva haciendo un tiempo, así que... si tienes curiosidad entra.
Bueno éste reto trata de escribir una escena de tu día a día, acompañando el texto con una imagen de anime que enseñe ese instante. Y yo como soy una madre orgullosa y amante del café, mis dos cosas favoritas salen ahí... y por ahí perdido mi Sr. marido.
¡Ale voy!
Momento
El ascensor se abre en la planta de mi casa. Los pasillos están medio oscuros y por sorpresa, la luz funciona después de dos años sin mostrar rastros de vida. Camino por el pasillo hasta llegar a la puerta, de detrás de ésta escuchó la risa de F mientras su padre seguramente le hace cosquillas. Saco las llaves y abro la puerta. Al atravesar la entrada oigo "¡Hola mami!" y todo el cansancio del día se esfuma. Tiro la maleta en la silla que está en el rellano de la casa, me quito los zapatos antes de ser embestida por F que se tira a mis brazos riendo. Emocionada me explica que Sr. marido le estaba haciendo cosquillas y que jugaban. Busco a mi esposo que recogía medio apresurado el desastre de nuestra hija. Sonrío y me acerco a él para darle un beso. Él me pregunta que tal el día, mientras me tiro en el sofá y espero que me sirva la comida. Después de una breve conversación los dos nos ponemos a comer, mientras F sigue pintando en su escritorio.
Con la barriga llena y con el eco del ambiente familiar me voy arrullando en el sofá y poco a poco me quedo dormida. Paso la tarde entre un duerme vela constante, oyendo las conversaciones de mi hija y mi marido, el runrun de la televisión y el sonido de las ventanas abiertas.
En un minuto de silencio me doy cuenta que eso es la felicidad. Nada más.

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