Re-Destinados: Capítulo 2

¡Feliz Navidad!
¿Cómo se ha portado Papá Noel? El mío se portó estupendamente, de todo lo que he pedido... ¡me lo han traído todo! Si es que... soy una buena niña y él lo sabe. Ya me dirás si contigo se portó tan bien como conmigo...
Hoy vengo con el segundo capítulo de mi historia, quería poner una foto mía como estoy haciendo últimamente, pero no estoy en mi portátil y no tengo todos los trastos necesarios para hacer más personalizada la entrada, así que te tendrás que contemplar con esa imagen tan triste.
Sin más, espero que te guste.


Capítulo 2:

Siempre había sido una persona muy sensible a los olores. Se sentía bastante orgullosa al poder alardear que tenía la capacidad de reconocer a las personas por el aroma de sus cuerpos, a veces ese pequeño don como le gustaba llamarlo, le traía bastantes problemas pero, muy de vez en cuando le hacía evitar momentos conflictivos al saber quién se estaba acercando. Al menos en esas ocasiones le funcionaba, porque mucho no lo sirvió para ese entonces...
El aroma a colonia masculina; un toque fresco, con un punto amargo y tan embriagadora que hacía que el olor a café y tabaco quedara prácticamente escondido ante ese perfume tan característico de él. Un agujero en el estómago se le abrió, un dolor en el pecho le paralizo y no pudo levantar la cabeza del pecho de la persona que tenía delante. Sabía quién era después de casi ahogarse con su aroma tan único, y uno que le había vuelto loca durante años. Aún tenía la imagen en su cabeza de como se abrigaba con su bufanda y enredaba el cuello mientras aspiraba su olor, podía parecer un poco loca, pero con la edad que tenía en aquel entonces era lo máximo que podía aspirar a tenerlo de cerca. Al menos con aquello paleaba la necesidad física de tocarlo... Tardo más de unos diez minutos en dar un paso para atrás, levantar la cabeza y mirar a la cara a Anías, hacerlo fue el peor momento del día.


- ¿Alice estás bien?- escuchó una voz atrás de él.
- ¿Eh? ¡Ah! S-si, si...- tartamudeo un poco antes de forzar una sonrisa y dignarse a plantearle cara.- Perdón, no le había visto. - se disculpó a él, que seguía mirándola helado en su sitio.


Ese instante en el que ella espero que él contestara fue incómodo y mucho a su pesar, dentro de su cabeza creyó que aquella duda en hablar podría ser algo positivo para ella, algo bueno para su corazón pero al ver como fruncía el ceño molesto y se apartaba marchándose de la planta le dejaba bastante claro que todo seguía igual que hacía diez años atrás.
Aún conmocionada e intentando aparentar normalidad se despidió de sus compañeras, les deseó buen día y corrió tan rápido como la decencia le permitía hasta su coche. Cerró la puerta, encendió la calefacción y puso la radio en una emisora lo suficiente ruidosa para que los pensamientos no llegaran a entrar en su mente. Sin prestar mucha atención arrancó el motor y marchó a su casa, dispuesta a hacer cualquier cosa que no fuera pensar que lo había vuelto a ver, que Anías había vuelto y lo peor de todo era que nadie se había dignado a avisarla, aunque tampoco tenían alguna obligación hacia con ella... pero habría sido un detalle. A medida que iba pensando el dolor pasó a molestia para terminar en un enfado y ofensa abrumadora. Ya llegaba a su casa cuando decidió que eso no podía quedarse así, dio un volantazo hasta conducir al único lugar donde podría obtener respuestas, no sabía si estaba preparada para ello, pero sabía que simplemente no podía quedarse quieta, no después de haberlo visto y comprobado que seguía sin saber quien era.

La Clínica Amón no había cambiado nada en diez años, seguía siendo majestuosa con sus acabados en relieve, los balcones señoriales y ventanales grandes con marcos de madera de roble. Antes de entrar se quedó observando la entrada, esa puerta mecánica que tantos años atrás había visto abrirse y cerrarse sin verlo salir a él, esa entrada que le dio tanta felicidad y la quien le causó tanto dolor. Inconscientemente buscó alguna señal del accidente, pero donde años atrás había estado la abolladura se encontraba una gran placa con el nombre de la Clínica y las especialidades. Sonrió con amargura al comprobar que se habían esmerado a borrar cualquier marca de su error y lo que conllevó que uno de sus mejores médicos terminara ingresado en un hospital lejos de ahí. Podía haberse quedado más tiempo contemplando la belleza arquitectónica del edificio, pero tenía que entrar, enfrentarse a lo que más miedo le daba y ante todo a exigir una explicación, después de todo se lo debían, lo había aprendido muy tarde, pero se había sacrificado por él y su familia, ahora ellos le debían al menos ese detalle... tan sólo quería una simple explicación. No le haría daño a nadie. O al menos que ella supiera, sabía que la que terminaría más herida era ella, porque a nadie le gustaba escuchar verdades y más de una que se había obligado a olvidar...
Traspasó la puerta de la Clínica y entró, la calefacción le golpeó directamente en la cara y el aroma a desinfectante le quemó un poco la nariz, pero eso no la amedentró a pesar de que los cientos de recuerdos comenzaban a golpearse uno detrás de otro. Caminó con seguridad por los pasillos, ignorando a los rostros conocidos y llegó hasta la planta de Neurocirujía, donde el personal aburrido se encontraba sentado en su office, casi con indiferencia preguntó por el Doctor Femenías, éstos se miraron unos a los otros y terminaron dándole la dirección de dónde se encontraba. Sin agradecer ni nada caminó a paso veloz hasta llegar al office de los médicos, tocó dos veces la puerta y entró con toda la fuerza que tenía en el cuerpo.

- ¿Alice?- la sorpresa de Adrían no le sorprendió, al igual que él los demás facultativos la miraban sin entender, pero ella tan sólo dirigía su vista a él, que cohibido se levantó del sofá y salió junto a ella.- ¿Qué haces aquí? ¿Como...?- al ver sus ojos éste se calló.- Lo has visto...- siseó.
- ¿Por qué no me dijisteis nada?¿por qué no me avisaste?- exigió saber intentando no gritar.

Él comenzó a decir cientos de excusas que no la convencieron, indignada giró sobre sus pies y salió de la planta y de la Clínica, caminó hasta su coche se encerró en él e hizo aquello que había estado conteniendo durante todo el día... llorar.


Los astros se habían alineado para ofrecerle una tregua y un tiempo para reflexionar: vacaciones. No tenía más que cinco días, pero los suficientes para encerrarse en su casa, abrir cajas llenas de polvo y volver a encontrarse con una Alice de doce años que se enamoró de un hombre diez años mayor que ella. Mientras sacaba los objetos de Anías recordaba cada pequeño detalle de ellos, era como juntar trozos de un puzzle olvidado y entender cada sensación que aquello le había hecho sentir. No fue algo agradable verse rodeada de recuerdos que la ahogaban y fue mucho peor saber que no había nadie cercano a ella que lo supiera y pudiera compartir su dolor...
Tarde decidió salir de su casa, envuelta en un abrigo dos tallas más grande que ella, de hombre y con olor a guardado, enrrollada en una bufanda de un color verde chillón y la nariz y ojos rojos de tanto llorar. Caminó por las calles semi vacías hasta llegar a un pequeño callejón, donde en una esquina escondida en letras luminosas sobresalía las palabras "El bar de Hao. Sonrió con tristeza y entró. No miró a la barra, tampoco a las mesas y fue directo hasta el pequeño escenario, donde tapado en una vieja sabana se encontraba un karaoke, lo encendió, se colocó delante de un micrófono antiguo y cuando escuchó como la máquina comenzaba a funcionar... gritó.

Comentarios

  1. Emociones muy fuertes. Algo que se insinúa pero no se revela. Ya irás contando que fue lo que pasó.
    Bien narrado.
    Felices fiestas. Un abrazo.

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    1. ¡Cierto! La pobre lo siente mucho, ya verás más adelante lo que pasa.
      Un abrazo y felices fiestas

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  2. Pobre Alice, cuántas sorpresas juntas. Ojalá pueda sobreponerse rápido y encuentre la resolución a aquella culpa que siente.
    Espero el próximo capítulo.
    Que estés pasando una muy feliz navidad.

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    1. Ojalá, pero le pasará mucho más dolor para llegar a ello... ya se verá pronto.
      Un besito

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  3. El Papa Noel no estuvo tan benevolente conmigo este año. Segun el soy una chica muy rebelde. Peo, no. No me lo creo, puras excusas. JojoJoJo

    Déjame decirte que me ha fascinado este capítulo. Comprendo a tu protagonista, esos recuerdos indelebles duelen hasta en las entrañas. Pero es algo que no se pueda superar, solo es cuestion de tiempo. Nos dejas el justo suspenso para pensar, cual es el motivo, razón, circunstancia de su retorno. !Magnifico capitulo!
    Abrazo

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  4. ¡Hola! ¡Qué capítulo cargado de emociones! Intenso de leerlo ¡pobre Alice, la que debe estar pasando! Pero masoquista al estar mal e ir directo a las cajas de recuerdos para ponerse peor >.<

    Espero leer la continuación, que logre desahogarse y pueda hacerle frente a su presente.

    ¡Un abrazo!

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  5. Son muchas emociones juntas, me esta gustando como va la historia xD
    Por cierto, me encanta como ha quedado tu blog.
    ¡Un abrazo!

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