Re- Destinados: Capítulo siete


Ni-ho!
Antes de decir nada me voy a disculpar por el posible derrame de ojos que tendrás al leer éste capítulo, pero me niego a volver a leerlo y a corregirlo. Desde hace tiempo tenía pensado continuar la historia, pero la musa no venía a mi, las letras no tenían sentido y al fin... pude escribir algo, pero tengo miedo de que si lo leo otra vez no me guste... así que para evitar un nuevo bloqueo de artista lo dejo así.
Espero que te guste y que disfrutes al menos un poco.

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Capítulo siete:

Al salir de la comisaría se preguntó el por qué había ido. Mientras caminaba hasta su coche citaba los que ya sabía, pero mientras más los escuchaba menos motivos veía en ellos. Parecía como si todo aquello hubiera sido una forma bastante cobarde de sentir la compasión de otra persona, ver en los ojos de un desconocido la tristeza que jamás pudo compartir con nadie. Cuando cerró la puerta del coche y arrancó se juró que no volvería a sacar jamás ese tema, después de todo el pasado no se podía cambiar y su futuro seguía siendo igual de siempre, uno donde Anías no estaba. Siempre había sido así y siempre sería así.

Había perdido la cuenta del tiempo desde lo sucedido, parecía que nadie se acordaba de cuando la supervisora colapsó, tampoco en la red se veían vídeos o noticias sobre ese documental y la policía no se puso en contacto con ella para aclarar nada. Poco tiempo después supo que un desconocido había pedido que se eliminara cualquier copia del dvd y que el original también fuera eliminado. Al oír eso pensó en unas cuantas personas, pero tampoco quiso darse mucha importancia, necesitaba recobrar el control de su vida, de sus sentimientos y sobre todo, necesitaba poder fingir que ver a Anías en el hospital no le dolía...

Se encontraba enviado correos en su despacho cuando uno nuevo le llegó. Interesada por su contenido cerró el email que estaba redactando para abrir el que había llegado, miró el remitente pero al no conocerlo entró con más curiosidad para leer su contenido.

Querida Alice, sé que no me conoces y no entiendes cómo he conseguido tu correo, pero no te espantes... pronto te lo diré todo.
Me gustaría encontrarme contigo el sábado a las 10 de la mañana, en la cafetería del hotel hamblet. Yo llevaré un sombrero rojo.
Por favor, ven es importante.



Y el correo terminó así.
Gracias aquello pudo pasar el resto de la semana con nuevas preguntas en la cabeza y deseosa de saber quién era aquella persona, ¿qué era lo que quería de ella?¿por qué tanto misterio?

La cafetería del Hotel estaba llena de gente el sábado, pero no había ruido alguno. Todo estaba en silencio, el ambiente era relajado y lo único que sobresalía en aquel panorama era una persona con una enorme pamela roja. Alice se acercó curiosa, sintiendo como el corazón le latía en el centro del pecho con mucha fuerza.

- Hola.- dijo con voz suave, intentando no interrumpir la quietud del lugar.

- ¡Oh! ¡Has venido!

La mujer saltó de la silla, la abrazó y comenzó a llorar algo emocionada. Entre jadeos y gimoteos ambas tomaron asiento y mientras la muchacha se iba calmado Alice pudo verla... Era una mujer no mucho mayor que ella, con el cabello largo marrón, rostro aredondeado y una expresión increíble dulce. Durante unos minutos le recordó mucho a ella cuando era más joven.

- Seguramente no entenderás nada...- se disculpó la chica avergonzada.- pero es que... ¡estoy tan feliz! Siempre me han estado hablando de ti y... ¡tenía tantas ganas de conocerte! - dijo ella mientras le sujetaba las manos con fuerza.

- Emm.. me alegra que estés tan contenta.- dijo ella algo incomoda aún sin comprender.

- Perdón, ni me he presentado...- se rió ella.- Me llamo Catherine.

- Encantada, Catherine.- rió también.

Entre cafés, pastas y risas, Catherine explicó todo. Al parecer su prometido había sido un paciente de Alice y siempre le había recordado con mucho amor, por lo que desde que había oído hablar de ella la había querido conocer.

- Además... tengo ganas de hacerte una petición.- dijo incomoda Catherine.

- ¿Una petición?- enarcó la ceja curiosa y divertida al ver la incomodidad de la muchacha.

- Si... ¿Podrías cantar el día de mi boda?

No supo en qué momento había dicho si, pero en menos tiempo de lo que su cerebro pudo reaccionar, ya estaba programando una lista de canciones e ideando como lo haría todo. El problema era encontrar a los músicos para acompañarla y sobre todo para ensayar, porque después de todo hacía más de cinco años que no cantaba y no estaba segura si volvería a hacerlo como antes.


Estaba delante de la cafetería de Hao, sentía que el pecho le dolía y que le costaba respirar, tenía ganas de salir corriendo y olvidarse de todo, pero no debía ser egoísta alguien necesitaba oír nuevamente su voz y quizás... así podría volver a cantar. No tenía nada que perder... o al menos eso creía.

Comentarios

  1. Me parece que tu autocrítica es exagerada. La historia va teniendo sentido a lo largo de los capítulos. Se se entiende el conflicto de la protagonista, al tener que ver a alguien que no la recuerda.
    Bien contado. Besos.

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    1. Vaya, gracias... me hace feliz oír eso porque honestamente terminé el capítulo con un bajón bastante considerable.
      ¡Gracias!

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