Re-Destinados: Capítulo tres

¡Al fin logro escribir algo!
Llevo un día bastante productivo, creo que me iré a dormir con una buena carga de consciencia. ¡Estoy feliz! Ojalá mañana sea igual así podré adelantar muchas cosas que tengo en mente...

Vengo con el siguiente capítulo de RE-Destinados, si estás más perdido que un pollo en una piscina te dejaré los primeros capítulos aquí... mi recomendación es que lo leas antes de enfrascarte a este capítulo porque ya te digo que no te enterarás de un carajo.

Capítulo 1 / Capítulo 2


Capítulo tres:

Los propietarios del bar salieron corriendo de dentro de la cocina, desde su posición pudo ver los rostros molestos para luego pasar a una sorpresa cubierta de dolor. Ninguno de los dos se dignó a decir nada cuando ella comenzó a cantar. Su voz empezó siendo suave, dudosa para luego ser segura e increíblemente dulce. Se sorprendió al recordar que podía cantar, que siempre había sido buena en ello pero que nadie antes había creído en ella, al menos no antes de conocer a Anías. Al pensar en él se le formó un nudo en la garganta, la voz se le ahogó y la música siguió sonando sin letra alguna, fue en ese entonces que ambos propietarios corrieron hasta su lado, sin decir nada le abrazaron y dejaron que se hundiera sobre sus pechos y explotara a llorar como si la vida le fuera en ello. A ninguno de los tres les preocupó los demás clientes, tampoco esperaban nada de ellos, pero cuando bajaron del escenario y la llevaron a la barra, todos la miraban con una cara increíblemente triste. No fue hasta que Alice se quitó las lagrimas de los ojos que reconoció algunos rostros de las personas del bar. Intentó sonreír pero el llanto comenzaba nuevamente a salir, supo que hasta un rato no podría volver a hablar y sabía que nadie la forzaría a hacerlo. Ese bar no sólo la había ocultado en sus días más oscuros, sino también había conocido a una familia mucho más importante que la misma de sangre. En silencio agradeció el cariño de aquellas personas casi olvidadas, en silencio cada uno aportaba algo para que mejorara: una chaqueta cálida, un paquete de pañuelos, una taza de chocolate, una galleta… cuando quiso darse cuenta tenía la boca llena de comida, los labios manchados de chocolate y los ojos llenos de lágrimas mientras varias manos amables le secaban las lagrimas una detrás de otra.

- Bienvenida.- susurraron todos cuando al fin dejó de llorar y les ofreció una triste sonrisa.

- He vuelto…

Nunca había imaginado que aquella dos inofensivas palabras pudieran hacerle tanto daño.
Al llegar a su casa tras casi cuatro horas ingiriendo dulces, bebiendo café y siendo consolada, comprendió que desde ese momento respirar costaría mucho más de lo que había sido.
Cogió la caja que había dejado abierta, metió todos los objetos dentro y por último la tapó con la bufanda y la chaqueta, sin volver a mirar aquello lo escondió debajo de la cama prometiéndose que debía regalar o tirar todo lo que había ahí dentro. Mantener tantos recuerdos dolorosos juntos no podía ser nada bueno, ni para su salud física y mucho menos para su salud mental. Sin alargar más aquel asqueroso día, se metió en la ducha se fregó bien cada extremidad, se relajó bajo el agua y ya vestida, secada y olorosa se metió en la cama para fingir que nada nuevo había ocurrido.


La presencia de un nuevo doctor había conmocionado al Hospital, a pesar de ser uno muy grande y conocido que los facultativos cambiaran de lugar de trabajo o que entrara uno nuevo era algo prácticamente imposible, después de todo entrar a trabajar para el estado era algo que muy poca gente podía ostentar, y más si se trataban de médicos. Las enfermeras y auxiliares eran personal necesario y que muchas veces terminaban de baja, por lo que las plazas siempre estaban al orden del día, a excepción de los médicos, por eso parecía que toda la población sanitaria estuviera fuera de si. Más de una vez mandó a callar a sus compañeros y obligarles a centrarse en el trabajo, otras tantas intentó integrarse en la conversación para comprobar quien era el nuevo trabajador y como última medida para tranquilizar a sus trabajadores había decidido ir por pie propio a conocer al nuevo y pedirle amablemente que se presentara como era debido, ya que su despacho se encontraba en la misma planta que la de ella y por lo tanto no era de extrañar que se vieran en más de una ocasión.
Decidió ir cuando todos estaban trabajando, así que caminó por los pasillos silenciosos hasta llegar al pasillo donde supo que se encontraba el nuevo. Ya antes de ir tenía una extraña sensación, era como si estuviera viviendo algo del pasado y en esos días las únicas cosas del pasado que había revivido eran relacionados con Anías, así que por su bien, deseaba que el nuevo no fuera él. Cuando llegó a la puerta del despacho, leyó la especialidad y comprobó cinco veces el apellido entendió que el karma estaba intentando castigarla por algo que había hecho en alguna de sus otras vidas.
La puerta se abrió mucho antes de que ella pudiera decidir huir, así que encontrarse cara cara con Anías no fue nada del otro mundo, al menos para ella, por parte de él su rostro se contrajo en una mueca de dolor que pronto se transformó en molestia. En ese instante Alice podía reaccionar de dos formas: primera echarse a llorar y salir corriendo o mentarle la madre. Quizás en otro momento hubiera una tercera opción, que era fingir que no tenía un pasado con él y actuar de forma profesional, pero su personalidad no aceptaba esa tercera opción y la primera ya no estaba dentro de su código genético.

- ¿Y ahora por qué pones esa cara?- gruñe.- ¡Fuiste tú quien irrumpió en mi despacho primero!- bufó indignada mientras se cruzaba de brazos. El pobre hombre no supo que decir y se quedó perplejo ante lo escuchado.- Ahora, Señor Doctor Nuevo… ¿podría hacerme el favor de presentarse?- dice señalando a su sesión donde varias enfermeras y auxiliares se asomaban curiosas al verla con él.

Sin decir nada más y dejando no solo a Anías perplejo sino a los demás se marchó dirección a su despacho, cerró la puerta y comenzó a trabajar como si la vida le fuera en ello. No paró hasta que le tocó el descanso obligatorio, aunque quería ir a compartir algo con sus compañeras huyó hasta entrar en la cafetería, se pidió una valeriana y se sentó lo más lejos posible de la humanidad. Necesitaba pensar en cómo iba a comportarse cada día sabiendo que él estaba en su misma planta, tenía que encontrar una forma que no la delatara y sobre todo debía hacerse más fuerte para que la indiferente mirada de Anías no le doliera. Aunque sabía que eso iba a ser prácticamente imposible…

Desde la llegada de Anías al hospital los acontensimientos siguientes la dejaron bloqueada hasta lo más profundo de su ser. Sentía como su pasado le estaba golpeando a la puerta, amenazando con arrollarle todo su presente y quizás mancharle su futuro, y no solamente el suyo, sino también el de Anías…
La noticia que había leído aquel día se había extendido y cada vez aparecían más fragmentos y agregados de la misma, pronto descubrió que estaban buscando a todas las parejas del proyecto y que estaban pidiendo que dejaran los derechos para hacer algo un poco más grande. En principio eso no afectaba mucho, hasta que llegaba a la parte que ella estaba involucrada, por su desgracia en esa cinta se mostraba una Alice infantil y adolescente, ante todo menor y que sus padres no habían autorizado a nadie a grabar dichas imágenes… tanto los protagonistas del vídeo, como los productores se podrían meter en un gran lío si los jueces llegasen a saber eso. Necesitaba tener esa cinta, destruírla y borrar parte de un pasado que sabía que no haría bien a nadie, así que contra su voluntad debía conocer el verdadero interés por abrir ese viejo cajón de pandora y sabía que por mucho que Aníass formara parte de ese proyecto, actualmente no se acordaría de nada, por lo que no tendría más motivo que volver a la Clínica Femenias y acosar hasta más no poder al hermano de Anías y hacerle que confesara todo…

- No me iré de aquí hasta que me lo cuentes todo.

Dijo seria, sentada en la silla de consultas de Adrián y sabiendo que tenía como cinco pacientes por atender. Tanto la enfermera como él la miraban atónitos, no sabían que hacer y aunque la enfermera comentaba de avisar al policía él tan solo la tranquilizaba una y otra vez. Después de ver que las amenazas de Alice eran ciertas, llamó a un compañero y le pidió que pasara las consultar por él, después se despidió de la enfermera y los dejó a los dos solos, en un silencio incómodo y con la seguridad que esa conversación no sería agradable para ninguno de los dos.

Comentarios

  1. Que elocuente la descripción de las emociones al cantar.
    Y que intriga deja el capítulo.
    Un abrazo

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    1. ¡Muchas gracias!
      Me alegro que te haya dejado con intriga.
      Un abrazo grande

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  2. Pobre Alice aun no ha podido recuperarse.
    Espero que la llegada de Anías dispare nuevas energías para que Alice recupere la vibra de su ser. Buen suspenso, me gusta la afrenta de ella con Adrián espero que pueda sacarle algo.
    Abrazo!

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    1. ¡Gracias!
      Y aún Alice no ha sufrido todo, le tengo preparado un mar de tristezas y sentimientos... soy un poco cruel. ¿Qué le voy hacer?
      Un besote guapa

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  3. ¡Hola! ¡Qué increíble capítulo! Pobre Alice por las cosas que está pasando, difícil cuando llega alguien que no ha superado aun, pero tiene a anías que puede ser una brisa de aire fresco para ella. Intrigante final.

    ¡Un abrazo!

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    1. ¡Me ha encantado que te haya gustado!
      Me estoy esforzando mucho en ésta historia, después de todo tengo tantas versiones de la misma que no sé como terminará la cosa...
      Un besito

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  4. Desde luego que intriga el desenlace. ... lo esperamos!

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